Archivo mensual: marzo 2010

Perlongher según Loza: poesía, sexo y militancia

Rosa Patria es la película que todos y todas las/os militantes políticas/os deberían ver, no solamente aquellas/os directamente involucrados/as en la lucha por los derechos de la diversidad. Rescata la biografía de un poeta “maldito” y militante pero también dibuja los contornos históricos del Frente de Liberación Homosexual, expresión marginal de la política de izquierdas en nuestro país.

Exhibe el relieve de los límites de la izquierda revolucionaria al poner en foco lo que ésta negaba: la lucha por la liberación sexual: “machismo=fascismo” era la consigna que sintetizaba el sentido político del FLH. Los testimonios presentan la figura de un poeta y militante de una intensidad y profundad crítica especialísima en una época donde luchar por la liberación sexual significaba exponerse al maltrato, la tortura policial y la muerte.

Rosa es por Rosa Luxemburgo, seudónimo de Perlongher, como Natalia (por Natalia Sedova, mujer de Trotski) era el de otro compañero del FLH que da su testimonio y Frida el de Fernando Noy. Esa nominación es  índice de una de las ideas más exactas que sobre el control social de la sexualidad Perlongher nos dejó: lo que inquieta y produce resistencia no es tanto el homosexual “masculino” sino la mariquita, el afeminado, porque cuestiona el orden social “falocéntrico” y patriarcal.

El FLH intentó acercarse a Montoneros, que los dejó formar parte de su columna en Ezeiza; pero al ser acusados por la derecha peronista, la juventud radicalizada contestó al canto de “no somos putos ni faloperos, soldados de FAP y Montoneros”. Otras expresiones de izquierda consideraban a la homosexualidad como una desviación biológica del capitalismo.

La escasez de archivos audiovisuales colabora con el despliegue toda una serie de recursos alternativos para reconstruir la memoria del personaje. Con todo,  entre la producción gráfica de los diversos grupos integrado por Perlongher (FLH, Política y sexualidad) se encuentra valiosos materiales de archivos como la revista Somos, afiches, dibujos, consignas de propaganda, etc.

La película devuelve de Perlongher su mirada inquieta y cuestionadora, como si Loza luchara por recuperar un autorretrato perdido del poeta. Rosa Patria ofrece una experiencia estética que mezcla la sutileza con énfasis expresivo y proporciona un ímpetu pedagógico-político sin esconder  ni las contradicciones políticas de Perlongher y de algunos principios de la militancia por la liberación sexual.

Para quienes vivimos el despertar sexual y la militancia ya en una época de deshielo del integrismo moral, la lucha de Perlongher y su generación provoca gratitud y admiración. Con alta sensibilidad y reconstrucción histórica, Rosa Patria enseña que estamos paradxs sobre los hombros de gigantes.

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¡Si, quiero!

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Se viene la Ley de Matrimonio para todos y todas

Aun en el marco de nuestras sociedades dónde la norma es la heterosexualidad y se disciplina mediante un conjunto de normas jurídicas, mandatos sociales y culturales, y valores religiosos, la diversidad afectivo sexual está ganando cada vez más espacio y visibilidad.
Aquí tratamos de contestar algunos argumentos falaces, muy utilizados:

“El matrimonio está destinado a la procreación y la preservación de la especie”.

Esto afirmo hace poco una jueza argentina, en un fallo contra el amparo presentado por la primera pareja de lesbianas que fue a la justicia por este derecho. El fallo fue apelado, y la respuesta a ese argumento no se hizo esperar: ¿y las personas estériles?, ¿y los ancianos?, ¿y las mujeres después de la menopausia?, ¿y las parejas heterosexuales que deciden no tener hijos?… ¿Por qué ellos pueden casarse y nosotras/os no?

“Pero las parejas homosexuales podrían conseguir los mismos derechos sin el matrimonio, con leyes que los contemplen sin necesidad de que se casen”.

Algunos sectores proponen la sanción de una Ley Nacional de “Unión Civil” que molestaría menos a la Iglesia. Se olvidan que cuando gays y lesbianas, por ejemplo, alquilamos una casa, firmamos un contrato que se llama “de alquiler”, no de “vínculo inmobiliario homosexual”. Cuando decidimos casarnos, queremos que se llame matrimonio: los mismos derechos con los mismos nombres. Si no, sería como si a las parejas de afrodescendientes les hubiesen dicho que las reconocían mediante una “ley de unión entre negros”. El ejemplo no es antojadizo: en España, cuando se reconoció el derecho al voto a las mujeres, la derecha proponía “que se llame ‘derecho a la participación política’, pero no ‘derecho al voto’, porque el voto es y ha sido siempre un atributo masculino”. Se aferran al nombre como una forma de mantener alguna forma de desigualdad.

“Pero matrimonio viene de mater, que significa madre, por eso no puede haber matrimonio entre dos hombres”.

Si las instituciones jurídicas fueran esclavas de la etimología de las palabras que las designan, la patria potestad sería un atributo exclusivo del varón, al igual que el patrimonio, y el salario seguiría pagándose en sal. “¡Pero el diccionario de la Real Academia define al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer!”, responden otros… Pero la verdad irremediable es que ya vendrán nuevas ediciones que darán cuenta de los cambios que se están dando en el mundo. La RAE deberá observar que en España, donde tiene sede, el matrimonio también puede ser, según la ley actual, la unión entre dos hombres o entre dos mujeres.

“Pero la ley puede tratar de modo diferente a lo que considera diferente, sin que sea discriminación”, insisten otros.
Sí, todos somos diferentes, por diferentes razones. Los judíos son diferentes a los católicos, pero pueden casarse, aunque en los orígenes de nuestra querida patria tampoco podían. Los gays y las lesbianas muchas veces formamos parejas, nos amamos y decidimos compartir nuestras vidas, como las parejas heterosexuales y queremos casarnos, básicamente por los mismos motivos que se casan todos y todas a quienes la ley se los permite. Queremos tener los mismos derechos. ¿Cuál es el problema?

“¿Pero para qué quieren el matrimonio, una institución burguesa y patriarcal en decadencia?”, nos cuestionan algunos.

¿Por qué no les preguntan a los obreros que luchan por mejores salarios para qué reclaman mejoras en la relación de explotación capitalista en vez de cuestionar la plusvalía? ¿O a las mujeres, para qué querían el derecho al voto en una democracia burguesa? Parece que a nosotros y nosotras nos exigen posiciones más radicales, olvidando que vivimos hoy, ahora, y queremos gozar de derechos básicos de los que quienes nos corren por izquierda disfrutan sin culpa.

Lo que está en juego es aceptar que la humanidad es diversa, y que no somos mejores ni peores por el sexo de las personas a las que amamos o deseamos. Somos seres humanos, diversos pero iguales en dignidad. Más allá de los derechos concretos, básicamente materiales que implica el matrimonio, hay algo más trascendente aún: los y las homosexuales queremos que la ley nos reconozca como personas, que no nos trate más como ciudadanos de segunda.

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¿Nunca fuiste a la marcha del orgullo?

Dentro de nuestra comunidad, muchos/as no van a la marcha del orgullo y cada uno/a tendrá sus valederos y respetables argumentos.

Sin embargo, estas marchas están directamente relacionadas a la concreción de derechos. Por ello, trataremos de darte nuestro punto de vista respecto a algunos pensamientos, que creemos los más comunes. O sea, intentaremos convencerte!

  • “Soy gay/lesbiana/bisexual/trans y punto!, ¿Porque debo sentirme orgullos@?”

No somos ni mejores ni peores que nadie pero todavía hay muchos/as que experimentan vergüenza por lo que son o por lo que sienten, porque hay otros/as que se empecinan en hacernos creer que debe ser así. Vivir con alegría y libertad nuestra identidad es el primer paso para una sociedad mejor que celebre las diversidades y consagre los derechos para todos y todas.

  • “¿Hay acaso una marcha del orgullo heterosexual? Hacer una marcha del orgullo es autodiscriminarse.”

No hay una marcha del orgullo heterosexual sencillamente por que no la necesitan. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos todo esta diseñado para los heterosexuales: el cine, la oficina, la escuela, el trabajo y la tele. Entonces, una marcha nos encuentra, nos identifica, nos permite mirarnos l@s un@s a l@s otr@s . Por eso no solo nos juntamos en boliches o con amigos, una vez al año copamos Plaza de Mayo para que vean que existimos y no tenemos por qué ser ciudadanos de segunda.

  • “Ir a esa Marcha sería exhibirme como gay o lesbiana o bisexual o trans. Yo lo comparto con la gente que me quiere, no tengo porque ponerme un cartel en la frente que diga: soy puto/ soy torta”.

Ves? Seguimos pensando en ese “todo el mundo” porque existe un modelo impuesto y en torno a él giran los fundamentos de nuestra falta de reconocimiento de derechos, nuestro miedo al rechazo en el trabajo, en la escuela, en la familia, en la calle…por eso necesitamos contarlo, mostrarlo, no negarnos a nosotr@s mismos y ser much@s en esta Marcha…porque el tamaño sí importa!

  • “A mi la marcha no me representa, no me gusta el exhibicionismo, es provocar, después los medios dan una mala “imagen” de todos”.

Nos imponen pensar que lo que nos hace diferentes de los otr@s es obsceno, antinatural, peligroso o contagioso. Somos todos diferentes y en eso radica justamente nuestra riqueza como sociedad! No hay otros que piensan que vos sos el/la raro/a? Somos distintos pero debemos ser iguales en nuestros derechos. Y eso vamos a decir en esta Marcha. Este encuentro lo hacemos entre todos y todas, cada uno con su identidad, formas y estilos, de eso se trata, de reflejar la diversidad, aun al interior de nuestra comunidad. Los medios (no todos!) siempre van a contar lo que quieran. Tratemos que puedan mirar mas allá de los hermosos culos y tetas! Vayamos tod@s a contar nuestra historia, nuestros reclamos y nuestras propuestas y deseos. La comunicación es fundamental a la hora de pensar la estrategia para luchar por nuestros derechos.

  • “No me interesa la política.”

Desde que vas a comprar a la verdulería hasta cuando elegís qué persona amar, estás haciendo política. Y sí, está bien, necesitamos involucrarnos, cada uno desde el lugar que quiera para que ese 100% que integramos tod@s pueda lograr el 100% de los derechos, la igualdad, la inclusión y la libertad.

Sumate! Contra la discriminación, el machismo, el racismo y la xenofobia y a favor de una ley de matrimonio que reconozca todas las formas de familias, la derogación de la legislación represiva, una educación inclusiva de las diversidades y el derecho a la identidad de las personas trans (travestis, transexuales y transgénero).

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