Se viene la Ley de Matrimonio para todos y todas

Aun en el marco de nuestras sociedades dónde la norma es la heterosexualidad y se disciplina mediante un conjunto de normas jurídicas, mandatos sociales y culturales, y valores religiosos, la diversidad afectivo sexual está ganando cada vez más espacio y visibilidad.
Aquí tratamos de contestar algunos argumentos falaces, muy utilizados:

“El matrimonio está destinado a la procreación y la preservación de la especie”.

Esto afirmo hace poco una jueza argentina, en un fallo contra el amparo presentado por la primera pareja de lesbianas que fue a la justicia por este derecho. El fallo fue apelado, y la respuesta a ese argumento no se hizo esperar: ¿y las personas estériles?, ¿y los ancianos?, ¿y las mujeres después de la menopausia?, ¿y las parejas heterosexuales que deciden no tener hijos?… ¿Por qué ellos pueden casarse y nosotras/os no?

“Pero las parejas homosexuales podrían conseguir los mismos derechos sin el matrimonio, con leyes que los contemplen sin necesidad de que se casen”.

Algunos sectores proponen la sanción de una Ley Nacional de “Unión Civil” que molestaría menos a la Iglesia. Se olvidan que cuando gays y lesbianas, por ejemplo, alquilamos una casa, firmamos un contrato que se llama “de alquiler”, no de “vínculo inmobiliario homosexual”. Cuando decidimos casarnos, queremos que se llame matrimonio: los mismos derechos con los mismos nombres. Si no, sería como si a las parejas de afrodescendientes les hubiesen dicho que las reconocían mediante una “ley de unión entre negros”. El ejemplo no es antojadizo: en España, cuando se reconoció el derecho al voto a las mujeres, la derecha proponía “que se llame ‘derecho a la participación política’, pero no ‘derecho al voto’, porque el voto es y ha sido siempre un atributo masculino”. Se aferran al nombre como una forma de mantener alguna forma de desigualdad.

“Pero matrimonio viene de mater, que significa madre, por eso no puede haber matrimonio entre dos hombres”.

Si las instituciones jurídicas fueran esclavas de la etimología de las palabras que las designan, la patria potestad sería un atributo exclusivo del varón, al igual que el patrimonio, y el salario seguiría pagándose en sal. “¡Pero el diccionario de la Real Academia define al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer!”, responden otros… Pero la verdad irremediable es que ya vendrán nuevas ediciones que darán cuenta de los cambios que se están dando en el mundo. La RAE deberá observar que en España, donde tiene sede, el matrimonio también puede ser, según la ley actual, la unión entre dos hombres o entre dos mujeres.

“Pero la ley puede tratar de modo diferente a lo que considera diferente, sin que sea discriminación”, insisten otros.
Sí, todos somos diferentes, por diferentes razones. Los judíos son diferentes a los católicos, pero pueden casarse, aunque en los orígenes de nuestra querida patria tampoco podían. Los gays y las lesbianas muchas veces formamos parejas, nos amamos y decidimos compartir nuestras vidas, como las parejas heterosexuales y queremos casarnos, básicamente por los mismos motivos que se casan todos y todas a quienes la ley se los permite. Queremos tener los mismos derechos. ¿Cuál es el problema?

“¿Pero para qué quieren el matrimonio, una institución burguesa y patriarcal en decadencia?”, nos cuestionan algunos.

¿Por qué no les preguntan a los obreros que luchan por mejores salarios para qué reclaman mejoras en la relación de explotación capitalista en vez de cuestionar la plusvalía? ¿O a las mujeres, para qué querían el derecho al voto en una democracia burguesa? Parece que a nosotros y nosotras nos exigen posiciones más radicales, olvidando que vivimos hoy, ahora, y queremos gozar de derechos básicos de los que quienes nos corren por izquierda disfrutan sin culpa.

Lo que está en juego es aceptar que la humanidad es diversa, y que no somos mejores ni peores por el sexo de las personas a las que amamos o deseamos. Somos seres humanos, diversos pero iguales en dignidad. Más allá de los derechos concretos, básicamente materiales que implica el matrimonio, hay algo más trascendente aún: los y las homosexuales queremos que la ley nos reconozca como personas, que no nos trate más como ciudadanos de segunda.

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