El adiós a María Elena Walsh: “Aquí te mando mi corazón…”

Te regalo las mañanas

con campanas

y con pájaros que nunca morirán.

Te regalo estrellas

en medio de la tempestad.

Es difícil tener

veinte años y dinero

pero pobre y sin ayer

te regalo el mundo entero.

Te doy

eternamente el amor de hoy.

(Balada de adolescencia M. E. Walsh)

Me ocurres por amor, en Buenos Aires

precisamente y a la edad oscura

en que uno desconfía porque ha visto

garabatear pizarras a la muerte,

y acumula nociones de naufragio,

coraje en naftalina, días rotos,

dolor en pañuelitos y quien sabe.

Ambulo por manías y escaleras

y de pronto me ocupas, desbaratas

peligros, soledad desasosiego,

promueves hábito de la alegría

y desanudas inocentemente

hilos de tal desorden compartido

que yo, me empiezo y canto porque estás.

Pero si me acabara de improviso

te dejo inolvidable testimonio,

es decir, en el aire y en papeles,

nuestra privada suavidad, la ilesa

manera de integrarnos, eso es todo,

porque de veras ya no tengo nada

más que la intimidad que nos ocurre.

(Borrador de testamento.  M.E. Walsh)

Todas estas palabras de amor, escritas por María Elena Walsh, están destinadas a sus amores, imaginados o reales, pero siempre mujeres.

María Elena Walsh a sus veintipico, se fue con Leda Valladares a vivir a Francia. Se sumergió con el vigor aún adolescente, en una vida de investigación sobre nuestro folklore del Norte, en actuaciones para un público desconocido y atento, en una búsqueda valiente de su identidad como artista y como mujer.

Lo de convertirse en la más grande autora de literatura y música para niños de nuestro país, vino después.

En el recorrido de sus ochenta años, escribió para los niños, los adolescentes, y los adultos, cuentos, guiones de TV, canciones, obras de teatro, novelas, artículos en diarios; cantó todos los géneros, compuso música. Tan genial fue, que aunque todos sabían que ella decidía amar a mujeres, muchos – demasiados, casi todos- prefirieron renegar (ah, el bendito mecanismo placebo) para no tener que tomar partido creándose la disyuntiva sobre si seguir consumiendo o no su obra, sobre si estaba bien o mal comprarles a los chicos, el disco o el libro creado por una mujer que amaba mujeres. María Elena era única con eso, y no a pesar de eso.

A mis 3 años, unos tíos me salvaron la vida regalándome “Canciones para mirar”. La Vaca estudiosa fue la primera canción que aprendí completa a esa edad. Los mismos tíos, un tiempo después me regalaron “El país de Nomeacuerdo”, tengo en casa los dos vinilos, los escucho aun hoy. A mis 16 años, llegó a mis manos “Hecho a mano” y “Otoño imperdonable”, este último María Elena lo escribió entre los 14 y los 17 años, y ganó el Segundo Premio Municipal de Poesía. Cuando leí “Dedicatoria”, confirmé lo que mi pequeño corazón sabía desde siempre: María Elena, como yo, amaba a mujeres, me alivié.

En mis veintipico, hice “Canciones para mirar”, dirigida por José María Paolantonio, María Elena se acercó a festejar las 250 representaciones, nos acompañó con su sonrisa tímida y lejana. En el escenario del Liceo, del Regina, del Presidente Alvear, y para miles de chicos de los colegios de todo el país, canté cientos de veces, las mismas canciones que cantaba cuando era niña en la escuela, en la mesa familiar, y en la soledad de mi cuarto cuando ya había aprendido a tocar la guitarra y le escribía poemas de amor a mi maestra.

El otro día, un periodista dolido por la muerte de María Elena me dijo: “María Elena hasta tuvo la delicadeza de nunca hablar sobre su condición sexual”, le contesté que eso no era “una delicadeza”, era en todo caso una mordaza, y que María Elena había escrito:

Si por delicadeza perdí mi vida

Quiero ganar la tuya, por decidida…

(Canción de Caminantes. M. E. Walsh)

La noche del 14 de Julio de 2010, en el escenario de la Plaza de los dos Congresos, apoyando la Ley de matrimonio igualitario, elegí cantar la zamba El Buen Modo de María Elena Walsh. Lo hice porque desde esos versos estaba pidiéndoles a los senadores que nos trataran bien, que nos dieran lo que era nuestro, y antes de cantarla, una vez más cité a María Elena cuando escribía:

No digo nada.

Desde mi abuela

Que estoy callada.

Yo soy mansa,

pero cansa.

(Con Tambor. M.E. Walsh)

Hoy lloro, pero canto por recomendación de María Elena

Cuando canto

Padecer es lo mismo

Pero no tanto

(Con Tambor. M. E. Walsh

Y otra vez, como en aquella madrugada  de vigilia que nos trajo la Ley y la alegría infinita, hoy agradecida, le canto a María Elena, su zamba

Seas siempre bendito

por tu buen modo.

Porque al darme poquito

me diste todo.

Antes que la muerte

me robe la ocasión

para corresponderte

aquí te mando mi corazón.

(El Buen Modo. M. E. Walsh)

Gabriela Elena

(Cantante, autora y compositora, Actriz Egresada de la Escuela Nac. de Arte Dramático, Guionista de TV)

Comisión de Cultura 100 % Diversidad y Derechos

Entrevista a nuestra compañera, Gabriela, en Visión 7

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2 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Arte

2 Respuestas a “El adiós a María Elena Walsh: “Aquí te mando mi corazón…”

  1. Filomena

    Gracias!
    Tantas cosas se dijeron en estos días! Por suerte, creo que todas desde el corazón, sin agravios, sin estigma, con agradecimiento.
    Pero esto que escribiste me parece hermoso, compinche, AMOROSO, desde el sitio de quien conoce y comparte y admira y hace propio lo suave, lo delicado y al mismo tiempo lo decidido del Otro.
    Yo recuerdo, así como en brumas, en secundaria tu interés por la obra de M.E.Walsh. Y desde mi ignorancia, pensaba: “Qué raro, a G.Elena, que es tan “hacia afuera” le gusta meterse para adentro, hacia su infancia” , yo, sin sospechar del mundo adulto y joven que M.E.W desplegaba (materiales que aún tengo que leer). Ya te agradecí provocarme a conocer el tango y a S.Rinaldi, nobleza obliga, y el mejor momento para decirte es ahora: Cuando a mis veinte, descubrí “Serenata para la tierra de uno”, pensé “Con razón… esta es María Elena, la de Gabriela Elena”.

    • Gabriela Elena

      Ay Filo, recién veo este comentario tuyo. Pasaron muchas cosas desde la partida de María Elena, pero qué bueno leerte hoy. Sigo reconstruyendo mi historia, rearmo mi propia imagen gracias a la mirada amorosa de mis pares de aquella época. Gracias a nuestra fuerza interior, hemos resistido la represiva educación de aquellos años 70′ en nuestro querido Normal 5. Fuimos pequeñas grandes mujeres que hoy se reencuentran en el arte y la amistad. Te abrazo.

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