Respuesta de 100% Diversidad y Derechos a la nota del diario La Nación contra la Ley de Identidad de Género

Los organismos de Derechos Humanos y de la Diversidad Sexual que impulsamos una Ley de Identidad de Género que permita el cambio registral del nombre y género en el Documento Nacional de Identidad, expresamos nuestra alegría ante la aprobación del dictamen que avalará su tratamiento en el Congreso Nacional.  De aprobarse la ley, las personas podrán ejercer el derecho básico a la identidad personal que hoy les es vedado y se ahorrarán las humillaciones a las que son sometidas cuando, por ejemplo, en cualquier institución pública o privada se refieren a ellas con un nombre que no es el suyo.

No sin sorpresa nos encontramos con la editorial del diario La Nación  del día 15 de noviembre que proporciona información errónea, tendiente a una interpretación  desatinada del dictamen, que distorsiona su espíritu; y apela a una retórica cargada de ofensas. La nota afirma que:

Los menores de edad podrán acceder al cambio con autorización de sus padres, y si no existe esta autorización, podrán solicitarla a la Justicia. Debe señalarse, empero, que algunos legisladores, como Luis Cicogna (FpV), se opusieron a este punto por considerar peligroso que los menores puedan acceder a cirugías que modifiquen sus genitales externos.

 Lo que preocupa es que puede llegar a bastar la mera declaración de la persona o de los padres para sus hijos menores. Este punto es particularmente grave, pues la sexualidad, desde el punto de vista de las características psicológicas, no se define de inmediato e influyen muchos factores en ella, de donde parece harto peligroso -como señaló un legislador- que los padres tomen tamaña decisión sobre la sexualidad de sus hijos.

El artículo confunde  “autorización” con “obligación” y lo expone casi a la altura de una medida compulsiva. Respecto de los menores de edad, el proyecto de ley sólo permite la modificación en caso de que el menor exprese su consentimiento. Es obvio que no se trata de menores de cinco años, si no de las edades estipuladas por el Código Civil en las que se asume que un menor puede expresar un consentimiento consciente. Quien escribe la nota evidentemente ignora que la asunción  de género por parte de las personas trans se manifiesta generalmente a temprana edad, independientemente de la voluntad de los padres. Más aún, en casi la totalidad de los casos es en contra de ella. Este conflicto redunda abrumadoramente en la expulsión del ámbito familiar y educativo, sellando muchas veces un destino de marginalidad impuesta.

La vaguedad de estas afirmaciones conduce de manera deliberada a malos entendidos. Es preciso dejar en claro que la Ley contempla realidades que ya existen: las personas trans viven de hecho con su nombre propio, y algunas realizan operaciones de reasignación sexual. Como cualquier persona viven y se expresan en el género que consideran propio, más allá de la genitalidad. Como muchos teóricos señalan desde hace años, ese no es el único factor, ni el decisivo, en la conformación de la identidad de género de los individuos. El debate no es si una persona puede cambiar su sexo (como si se tratara de voluntades caprichosas)  si no el reconocimiento por parte del Estado de la misma dignidad con la que viven quienes responden a las expectativas sociales en torno a su  sexo biológico. ¿Tienen las personas trans derecho a que su identidad sea reconocida, o tendrán que seguir migrando de sus comunidades, sufrir el abandono de sus familias, ser excluidas del sistema educativo y de las oportunidades laborales porque “eligen” vivir un género que no es el que se espera de su sexo biológico? ¿Tenemos derecho a establecer con dudosos patrones “psicológicos” su identidad? No, y por eso defendemos que la rectificación de la partida de nacimiento no exija condiciones distintas a las de cualquier otro ciudadano para que su nombre sea reconocido en el DNI.

Pero la editorial de La Nación directamente abruma cuando expone la macabra imaginación de la que brotan sus preocupaciones:

Peor aún, cabe preguntarse si los matrimonios homosexuales que tengan hijos a través de los distintos mecanismos actuales no tomarán esta decisión con relación a sus niños, a los que perciben como iguales a ellos.

Todo el escrito supone una incorrecta identificación entre “identidad de género” y “orientación sexual” (que no es una “preferencia” porque aunque no se conozcan causas biológicas, tampoco se trata de un acto voluntario). Salvando este error que incentiva la confusión general, queda la imagen de pérfidos matrimonios dispuestos a mutilar a sus hijos e hijas por el mero capricho de hacerlos a su imagen y semejanza, como si la subjetividad de una persona dependiera directamente de sus padres o de sus madres. Por si quedara alguna duda: no existen ni han existido tales casos. Pero la narrativa espeluznante de la nota no se detiene allí:

El tema no es menor desde el punto de vista del Estado. Por ejemplo, será difícil identificar un cadáver por su identidad “autopercibida”, si es que los órganos no han sido transformados. El documento dirá que es mujer y el cadáver dirá que es hombre. Se pasa de una pauta objetiva a una meramente subjetiva.

Es elocuente cómo esta argumentación muestra preocupación no por los derechos de las personas trans, si no por sus cadáveres. Al mismo tiempo enfatiza la necesidad de un criterio “objetivo” (y natural) para definir el género. El orden “objetivo” y “natural” fue el pretexto con el que, por poner sólo un ejemplo, se pretendió excluir a las mujeres de cualquier otra actividad que no fuera tener hijos y lavar los platos. Justamente porque queremos dejar de ser “objetos” para pasar a ser “sujetos” de derechos es que impulsamos esta Ley. Por otra parte, si tanto preocupa a La Nación establecer el modo de reconocimiento del cadáver de una persona trans (más que señalar con alarma el creciente índice asesinatos de los que son víctimas) podría comenzar por pensar en su rostro. Si la Ley de Identidad es aprobada, el rostro y los ojos de esa persona dirá que tenía un nombre; y su documento no dirá otra cosa. Pero si quien escribe la nota es incapaz de tal gesto, es justo recordarle que el principal criterio de identificación adoptado por nuestro sistema legal se basa en el “Sistema Argentino Dactiloscópico Vucetich” y que el avance tecnológico aporta incesantemente herramientas para optimizar la utilización de los sistemas clásicos —digitalización, lectores ópticos, etc.—, al tiempo que aporta nuevos y sofisticados modos de identificación de las personas que no se verían afectados por los cambios promovidos por la Ley de Identidad.

Quienes  creemos en la igualdad de derechos y en el derecho a ser diferentes, también creemos profundamente que con esta Ley habrá menos problemas de identificación de cadáveres porque habrá menos muertes, menos vidas arruinadas por el desprecio y el maltrato social,  más proyectos de vida dignos de ser vividos lejos de las camillas de la morgue, en las calles, en las escuelas, en las familias, en todo nuestro país.

Podés leer la nota completa de La Nación haciendo click aquí.

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6 comentarios

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6 Respuestas a “Respuesta de 100% Diversidad y Derechos a la nota del diario La Nación contra la Ley de Identidad de Género

  1. Es evidente que se sigue apelando a la ignorancia como opio de los pueblos!!!!

  2. Exelente la nota, apoyo la lucha.
    .Este tipo de manipulaciones con la información se ha vuelto un clásico que desenmascarar.. Pero siento que como sociedad vamos madurando el camino para transitarlo, es un orgullo que muchos estemos de acuerdo en esto.

  3. Roberto

    DIsculpen, pero parece siempre que se promueve la tolerancia… con los que piensan como uno y eso no es democrático. ¿No puedo pensar distinto y que respeten mi opinión? ¿No tengo derecho a pensar y decir que es peligroso que un menor de edad pida su modificación genital lo cual no tiene vuelta atrás cuando justamente es considerado menor porque no tiene plena conciencia de las consecuencias de sus actos, que sus padres lo autoricen y que así se corra serio riesgo de que esa persona luego piense mejor siendo más maduro y al comprender lo que hizo se arrepienta sin remedio? ¿Sería terrible, no? No puedo considerar que sólo hay dos sexos, varón y mujer, y todo lo demás son construcciones artificiales, por ejemplo este invento de hablar de “géneros”. Pero si a uds solo se sienten orgullosos de quienes están de acuerdo con uds no valdrá la pena intentar cambiar opiniones.

    • 100% diversidad y derechos

      Estimado Roberto, muchas gracias por tu respuesta. Creo que la tolerancia no entraba en cuestión en la discusión. Tampoco se pone en cuestión el derecho al disenso. La respuesta no pone en cuestión el hecho de que hayan opinado de otra manera, sino que apunta a señalar errores e interpretaciones maliciosas del dictamen que se firmó. Y a subrayar varios párrafos muy ofensivos. Al hacerlo estamos ejerciendo nuestro propio derecho a opinar distinto. Por supuesto que la preocupación que mencionás es legítima, pero no es correcto señalar que el dictamen que se aprobó permite eso. De hecho el proyecto de ley supone que quien tome esa decisión esté lo suficientemente maduro para tomar esa decisición, por más que se trate de un menor. Ese patrón de madurez está estipulado por el código civil, no es algo nuevo. Hay una clara negligencia en el escrito. Si no es así, hay mala fe. Cualquiera de las dos cosas nos parecen reprochables.
      Respecto del género y el sexo, queremos decir que se trata de un tema complejo. La medicina es también un producto del hombre e introduce categorías que pueden ser modificadas a través del tiempo y se estructura, como toda ciencia, de acuerdo a criterios falibles. No estamos diciendo que no haya diferencia entre los sexos, ni que haya solo dos ni tres ni cuatro sexos, “verdaderos” o “artificiales”. No nos preocupa cuántos hay, sino que no sean categorías rígidas, impuestas, destinadas a forzar patrones de conducta e identificación de las personas. Pero lo que más nos interesa es el derecho a la identidad de todas las personas. Ése es el debate central. ¿Es justo impedir a una persona que lleve su verdadero nombre en el DNI, sabiendo que eso la excluye socialmente, sólo porque no se ajusta a lo que se espera socialmente de sus sexo biológico? No, no es justo. Por eso es necesaria esta ley: para impedir que más ciudadanos y ciudadanas sufran de manera innecesaria. Saludos!

  4. alejandro

    HOla, leo la nota, leo la respuesta, en la nota de la Nacion hay parrafos horribles, como lo de los padres homosexuales que intentarian cambiar el sexo del niño.. pero ademas de eso. no entiendo muchas cosas. En la pelicula XXY se da el caso de una niña que tiene un sindrome que la hace intersexual. ahora. pienso que si una persona se canmbia de sexo, deberia ser “natural” que le cambien la documentacion, ahora, si una persona se traviste sin cambiar el sexo, cuales son los parametros para darle un nuevo DNI con nombre de mujer?. digo, porque mi que lo hagan, pero no podria eso ser usado para delinquir… alguien que quiera huir de la justicia, por ej.. no digo que todos los casos sean asi. pero no entiendo como seria en esos casos, tambien el tema del cambio de sexo en los menores, deberia tener un marco legal importante y que no sea tomado a la ligera, a veces vivimos inmersos en una realidad y nos parece que es eso lo que vale, quizas pasado el tiempo ese menor al ser aduto vea las cosas de otro modo y sera tarde.. Repito no se como esta tratado el tema en el proyecto de ley, espero salga una ley que contemple todos los casos con seiedad y no por hacerlo a la ligera al final perjudique en lugar de beneficiar..saludos!

  5. 100% diversidad y derechos

    Alejandro, gracias por tu respuesta. Vemos que es una preocupación tuya “que no se toma a la ligera” el tema de los menores. Podemos asegurar que el proyecto de Ley no se lo toma a la ligera. En nuestra página podés acceder al texto completo de la misma. Fijate que tanto en la nota como en la respuesta a Roberto más arriba, explicamos un poco por qué los menores de edad no corren peligro con esta ley, más bien todo lo contrario.
    Preguntás por el parámetro para cambiar el nombre de una persona que decide no realizar la reasignación genital: el parámetro es cómo esa persona vive su identidad, su propia experiencia de vida. Respetar esa subjetividad es la única manera de que esa persona pueda ser feliz y goce de un bienestar íntegro. Si se opera o no, es un detalle, ya que la identidad sexual excede la cuestión genital. El bienestar de las personas tiene que estar por encima de todo preconcepto médico, ¿no te parece?
    El cambio en el DNI no será usado para delinquir, ya que el número seguirá siendo el mismo; la persona jurídica no se verá alterada. En el caso de los delincuentes, la documentación que usan cuando delinquen, es falsa. El cambio en el DNI será contrastable con cualquier documentación pública, ya que la nueva identidad será la realmente verdadera.
    Saludos y gracias por escribir!

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