Archivo mensual: enero 2013

¿Quién defiende al niño Queer?

Compartimos este artículo de la filósofa española Beatriz Preciado, una de las principales referentes  de la teoría queer y ex presidenta de la Federación Española de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Trans, entre otras cosas.  La nota fue escrita como respuesta a las manifestaciones contra el Matrimonio Igualitario en Francia y aporta al debate un punto de vista claro y profundo.

¿Quién defiende al niño queer?
por Beatriz Preciado.
Los católicos, judíos y musulmanes integristas, los copeístas* desinhibidos, los psicoanalistas edípicos, los socialistas naturalistas à la Jospin, los izquierdistas heteronormativos y el rebaño creciente de los modernos reaccionarios estuvieron de acuerdo este domingo en hacer del derecho del niño a tener un padre y una madre el argumento central que justifica la limitación de los derechos de los homosexuales. Se trató de su día de salida, la gigantesca salida del clóset de los hererócratas. Ellos defienden una ideología naturalista y religiosa de la que se conocen los principios. Su hegemonía heterosexual ha reposado siempre sobre el derecho de oprimir a las minorías sexuales y de género. Se tiene la costumbre de verlos blandir una hacha. Lo que es problemático, es que fuerzan a los niños a portar esa hacha patriarcal.
El niño que Frigide Barjot asegura proteger no existe. Los defensores de la infancia y la familia hacen llamado de la familia política de un niños que ellos construyen, un hijo presupuesto heterosexual y bajo la norma del género. Un niño que privan de toda fuerza de resistencia, de toda posibilidad de hacer un uso libre y colectivo de su cuerpo, sus órganos y sus fluidos sexuales. Esta niñez que ellos aseguran  proteger exige el terror, la opresión y la muerte.
Frigide Barjot, su musa, aprovecha que es imposible para un niño rebelarse políticamente contra el discurso de los adultos: el niño es siempre un cuerpo a quien no se reconoce el derecho de gobernar. Permítanme inventar, retrospectivamente, una escena de enunciación, de hacer un derecho de réplica en nombre del niño gobernado que fui, de defender otra forma de gobierno de los niños que no son como los otros.
Alguna vez fui el niño que Frigide Barjot se enorgullece de proteger. Y me sublevo hoy en nombre de los niños que estos discursos falaces esperan preservar. ¿Quién defiende los derechos del niño diferente? ¿Los derechos del chico pequeño que ama vestir de rosa? ¿De la chica pequeña que sueña con casarse con su mejor amiga? ¿Los derechos del niño queer, maricón, tortillera, transexual o transgénero? ¿Quién defiende los derechos del niño para cambiar de género si lo deseara? ¿Los derechos del niño a la libre autodeterminación de género y sexualidad? ¿Quién defiende los derechos del niño a crecer en un mundo sin violencia sexual ni de género?
El discurso omnipresente de Frigide Barjot y de los protectores de los “derechos del niño a tener un padre y una madre” me hacen volver al lenguaje del nacional catolicismo de mi infancia. Nací en la España franquista, en la cual crecí con una familia heterosexual católica de derecha. Una familia ejemplar, que los copeístas podrían erigir como emblema de virtud moral. Tuve un padre, y una madre. Cumplieron escrupulosamente su función de garantes domésticos del orden heterosexual.
En el discurso francés actual contra el matrimonio y la Procreación Médicamente Asistida (PMA) para todos, reconozco las ideas y los argumentos de mi padre. En la intimidad del hogar familiar, desplegaba un silogismo que invocaba la naturaleza y la ley moral con el fin de justificar la exclusión, violencia e incluso asesinato de los homosexuales, travestis y transexuales. Comenzaba por “un hombre debe ser un hombre y una mujer una mujer, así como Dios lo ha querido”, continuaba por “lo que es natural, es la unión de un hombre y una mujer, es por esto que los homosexuales son estériles”, hasta la conclusión, implacable, “si mi hijo es homosexual prefiero matarlo”. Y ese hijo, era yo.
El niño a proteger de Frigide Barjot es el efecto de un dispositivo pedagógico temible, el lugar de proyección de todos los fantasmas, la coartada que permite al adulto naturalizar la norma. La biopolítica1 es vivípara y pedófila. La reproducción nacional depende de ello. El niño es un artefacto biopolítico garante de la normalización del adulto. La policía del género vigila la cuna de los vivientes por nacer, para transformarlos en niños heterosexuales. La norma realiza su ronda alrededor de los cuerpos tiernos. Si tú no eres heterosexual, es la muerte quien te espera. La policía del género exige cualidades diferentes del pequeño chico y la pequeña chica. Da forma a los cuerpos a fin de dibujar órganos sexuales complementarios. Prepara la reproducción, desde la escuela al Parlamento, industrializándola. El niño que Frigide Barjot desea proteger es la creatura de una máquina despótica: un copeísta empequeñecido que hace campaña para la muerte en nombre de la protección de la vida.
Recuerdo el día en el que, en mi escuela de monjas, las Hermanas Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús, la madre Pilar nos pidió dibujar a nuestra futura familia. Tenía 7 años. Me dibujé casada con mi mejor amiga Marta, tres niños y varios perros y gatas. Había ya imaginado una utopía sexual, en la cual existía el matrimonio para todos, la adopción, la PMA… Algunos días después, la escuela envió una carta a casa, aconsejando a mis padres llevarme a ver a un psiquiatra, a fin de arreglar lo antes posible un problema de identificación sexual. Numerosas represalias siguieron a esta visita. El desprecio y rechazo de mi padre, la vergüenza y culpabilidad de mi madre. En la escuela, se extendió el rumor de que yo era lesbiana. Una mani de copeístas y frigide-barjotianos se organizaba cotidianamente delante de mi clase. “Sal tortillera, decían, se te violará para que aprendas a besar como Dios lo quiere.” Tenía un padre y una madre, pero fueron incapaces de protegerme de la depresión, la exclusión, la violencia.
Lo que protegían mi padre y mi madre, no eran mis derechos de niño, sino las normas sexuales y de género que se habían ellos mismos inculcado en el dolor, a través de un sistema educativo y social que castigaba toda forma de disidencia con la amenaza, la intimidación, el castigo, y la muerte. Tenía un padre y una madre, pero ninguno de los dos pudo proteger mi derecho a la libre autodeterminación de género y sexualidad.
Huí de este padre y esta madre que Frigide Barjot exige para mí, mi supervivencia dependía de ello. Así, aunque tuve un padre y una madre, la ideología de la diferencia sexual y la heterosexualidad normativa me los has había confiscado. Mi padre fue reducido al rol de representante represivo de la ley del género. Mi madre fue privada de todo lo que habría podido ir más allá de su función de útero, de reproductora de la norma sexual. La ideología de Frigide Barjot (que se articulaba entonces con el franquismo nacional católico) ha desollado al niño que yo era del derecho de tener un padre y una madre que habrían podido amarme, y cuidar de mí.
Nos llevó mucho tiempo, conflictos y heridas superar esta violencia. Cuando el gobierno socialista de Zapatero propuso, en 2005, la ley del matrimonio homosexual en España, mis padres, siempre católicos practicantes de derecho, se manifestaron a favor de esta ley. Votaron a favor del partido socialista por primera vez en su vida. No se manifestaron únicamente en favor de defender mis derechos, sino también de reivindicar su propio derecho a ser padre y madre de un niño no-heterosexual. Para el derecho a la paternidad de todos los niños, independientemente de su género, su sexo o su orientación sexual. Mi madre me contó que tuvo que convencer a mi padre, más reacio. Me dijo “nosotros también, nosotros tenemos el derecho de ser tus padres”.
Los manifestantes del 13 de enero no defendieron el derecho de los niños. Defienden el poder de educar a los hijos en la norma sexual y de género, como supuestos heterosexuales. Desfilan para mantener el derecho de discriminar, castigar y corregir toda forma de disidencia o desviación, pero también para recordar a los padres de hijos no-heterosexuales que su deber es tener vergüenza por ellos, rechazarlos y corregirlos. Nosotros defendemos el derecho de los niños a no ser educados exclusivamente como fuerza de trabajo y reproducción. Defendemos el derecho de los niños a no ser considerados como futuros productores de esperma y futuros úteros. Defendemos el derecho de los niños a ser subjetividades políticas irreductibles a una identidad de género, sexo o raza.

 

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La homofobia de otro tribunal vuelve a vulnerar los derechos de un bebé de 7 meses por la orientación sexual de sus madres.

La Sala 3 del Tribunal de Casación Penal que debía expedirse sobre la negación de la prisión domiciliaria para Ana María Fernández ratificó la discriminación  en su fallo, a pesar de las denuncias de 100% Diversidad y Derechos y el dictamen del INADI.

Bautista, de apenas 7 meses, permanece en la cárcel viviendo en condiciones por las cuales no debería atravesar: desde el 21 de diciembre se encuentra junto su madre gestante, alimentado únicamente por amamantamiento, en el Penal de Ezeiza. Hoy, el Tribunal Oral N°24 negó el arresto domiciliario a Ana María Fernández, arguyendo que no era necesario por tener dos madres.

100% Diversidad y Derechos denunció ese argumento por discriminatorio, ya que establece estándares diferentes para familias heterosexuales y comaternales. También patrocinó  una denuncia que fue avalada por un dictamen favorable por el INADI junto a la otra madre del bebé y esposa de Fernández,.

El dictamen indica que “Obviar que Fernández es quien ha dado a luz al niño, quien lo amamanta y suponer que su rol materno puede indistintamente ser cubierto por la denunciante, resulta un acto discriminatorio”  en perjuicio no sólo de la pareja sino “principalmente del niño”, un bebé que “por el solo hecho de pertenecer a una familia homoparental, ve perjudicada su posibilidad de relacionarse con su madre desde sus primeros meses de vida”.

 “Es inadmisible que se utilicen los nuevos derechos reconocidos a la diversidad familiar en contra de las familias. En este caso, para perjudicar a un bebé que si no tuviera dos madres, estaría en su entorno natural tomando el pecho con su madre gestante”, dijo Martín Canevaro, presidente de 100%.

Este viernes 11 de enero de 2013, la Sala 3 del Tribunal de Casación Penal tenía la posibilidad de revertir esa decisión discriminatoria atendiendo a los aportes presentados  Sin embargo, los jueces Eduardo Riggi y Liliana Catucci fallaron por volver a negar el arresto domiciliario, a diferencia de la jueza Ángela Ledesma, quien votó por concederlo.

Es evidente que los resabios misóginos y homo-lesbofóbicos que permanecen en algunos jueces del Poder Judicial fueron más fuertes que el respeto por los derechos del niño, las recomendaciones del Defensor de Menores, la Procuración de la Penitenciaria, y el dictamen del mismo INADI.

Se ha desatendido también un principio fundamental de cualquier organización familiar que es el de los roles, ya que  entender que en una familia que cuenta con dos madres da lo mismo una que otra y que son intercambiables como si fueran objetos es, por lo menos, intelectualmente deshonesto.

Hacen falta jueces que conozcan y respeten la diversidad sexual y familiar y que estén a la altura de la circunstancias en un país en donde los derechos LGTB están a la vanguardia del mundo

“Esta no es una justicia ciega de parcialidad, sino una justicia que intencionalmente mira sólo hacia donde sus propios prejuicios le permiten ver, que a decir verdad, es muy poco. Si el Poder Judicial no es capaz de ajustarse a derecho y atender al paradigma de la diversidad, debería entender que los fundamentos homofóbicos ya no tienen lugar en la jurisprudencia argentina y ponerse en concordancia con los distintos sectores de la sociedad que sí avanzan hacia un país más igualitario”– dijo Silvina Maddaleno, responsable del Área de Diversidad Familiar de 100% Diversidad y Derechos

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El INADI establece como discriminatorio el fallo que niega arresto domiciliario a Ana María Fernandez

La resolución fortalece la denuncia realizada por 100% Diversidad y Derechos respecto a la denegación de la prisión domiciliaria. La ex funcionaria, condenada a tres años años y medio de cárcel por la tragedia de Cromañón,  pidió ese beneficio por ser madre de un bebé al que amamanta, pero le fue negado por el tribunal oral 24 por conformar una familia comaternal.

La denuncia fue iniciada por la Organización 100% Diversidad y Derechos junto con su pareja, Gabriela Aguad, con quien la ex directora general adjunta de la Dirección General de Fiscalización y Control de la Ciudad de Buenos Aires tiene un hijo en comaternidad.  De esa manera, el Instituto Nacional contra la discriminación, la xenofobia y el racismo (INADI) ratifica el rechazo al fallo denunciado públicamente por 100%, apenas fue negado este beneficio que es concedido a las madres con hijos en edad de lactancia.

“Es inadmisible que se utilicen los nuevos derechos reconocidos a la diversidad familiar en contra de las familias, en este caso, para perjudicar a un bebé que, si no tuviera dos madres, estaría en su entorno natural tomando el pecho con su madre gestante”, dijo Martín Canevaro, presidente de la organización.

Para el INADI, el argumento del tribunal oral en lo criminal 24, parece sugerir que resulta indistinto la presencia de una u otra mujer en el hogar, ya que siendo ambas “madres” cumplen idéntico rol.  Para el organismo, “tal interpretación da cuenta de una conducta discriminatoria y un claro desconocimiento sobre los roles, que nada tiene que ver con el sexo biológico de quienes integran dicha relación”.

“Esta fundamentación es claramente discriminatoria hacia el niño por tener dos madres, además  se vulneró el principio Pro Homine introducido a partir de la incorporación de los Tratados internacionales de Derechos Humanos, que prescribe que entre dos normas en colisión, los derechos deben ser interpretados de manera que den protecciones mejores o más favorables para la persona”, agregó Silvina Maddaleno, responsable del área de diversidad familiar de 100% Diversidad y Derechos.

“Obviar que Fernández es quien ha dado a luz al niño, quien lo amamanta y suponer que su rol materno puede indistintamente ser cubierto por la denunciante, resulta un acto discriminatorio”  en perjuicio no sólo de la pareja sino “principalmente del niño”, un bebé que “por el solo hecho de pertenecer a una familia homoparental, ve perjudicada su posibilidad de relacionarse con su madre desde sus primeros meses de vida” argumentó el INADI en el escrito, firmado por Virginia Giménez, la asesora legal del organismo. El dictamen manifestó su preocupación porque al no otorgar el beneficio,  “el interés superior del niño en el caso se satisface no por un régimen de visitas -mucho menos con su permanencia con ella en prisión- sino con el otorgamiento del beneficio de prisión domiciliaria”.
La feria de la Cámara Federal de Casación, resolverá el viernes próximo si concede el beneficio.

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