Archivo mensual: septiembre 2015

Guía para el uso de un lenguaje no sexista e igualitario en la Cámara de Diputad*s de la Nación

La propia Cámara de Diputad*s de la Nación decidió generarse una herramienta para su labor parlamentaria incorporando el concepto de lenguaje inclusivo y no sexista. Se trata de una publicación que, aunque nace “vieja” y sus propi*s impulsor*s han expresado la necesidad de actualizarla y mejorarla permanentemente, problematiza en ese espacio tan fundamental para nuestra democracia, el rol del lenguaje como reproductor de la opresión.

Haciendo click, podés ver o descargarla

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Ningún pib* nace hetero

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En los noventa empezamos a escuchar que todxs éramos bisexuales. Como si una nueva corriente psicoanalítica hubiera aparecido de abajo de las piedras para fundamentar la fluidez del deseo después de que la homosexualidad hubiera dejado de ser considerada una enfermedad. Un sociólogo europeo, Bauman, dijo hace varios años que las relaciones sexoafectivas en la posmodernidad eran líquidas, que habíamos pasado de buscar a nuestro príncipe azul con el que seríamos felices de una vez y para siempre a buscar el amor y el deseo en distintas parejas sexuales a lo largo de la vida, y porqué no, que estas parejas podían ser de distintos géneros.

La heterosexualidad ya no era un destino. La homosexualidad y el lesbianismo tampoco.

Y qué pasa cuando nuestras prácticas, como nuestras identidades, son fluctuantes: sobreviene el caos y el pánico moral.

Que los varones bisexuales en realidad son putos que no se asumen. Que las mujeres bisexuales son heterosexuales fiesteras. Que en realidad lo que les cabe es la fiesta. Que no estamos definidxs. Que es una fase de exploración que en algún momento se va a terminar y esa persona va a finalmente decirse hetero/gay/lesbiana.

Puede ser. Pero quizá no. Quizá la bisexualidad sea una identidad perdurable. Trascienda la adolescencia en la que muchas veces sin culpa y como lxs perversxs polimorfxs que supimos ser de niñxs, nos entregamos al placer de los cuerpos danzantes y amorosos y deseantes que se nos ofrecen en la larga senda del señor, sin importar el formato de sus genitales o los artículos con los que prefieren ser nombradxs. Quizá construyamos una manera de vivir que contemple que nuestro deseo efectivamente fluye, hoy puedo enamorarme de un hombre y construir un universo sexoafectivo con él y mañana formar una familia con una mujer (que, incluso y para que peguen el salto de la silla automáticamente como si tuvieran un resorte: incluso esa mujer puede ser trans).

¿Y por qué celebrar este festín de placeres fluidos? Porque el patriarcado necesita domesticarnos, que definamos nuestro objeto de deseo (!) para vendernos productos materiales y culturales adecuados. Para prever con quiénes nos vamos a casar y vendernos paquetes turísticos en cruceros caribeños y estadías en estancias con cabalgata incluída. La bisexualidad vuelve a poner sobre la mesa al deseo, más allá de nuestras voluntades maritales y procreacionales, estamos hablando de enamorarse, de flirtear, de ese momento (quizá previo, quién sabe, quizá lxs bisexuales también tenemos hijxs, cómo saber) en el que estamos en una fiesta y miramos a ver quiénes están para ver con quién/es nos podemos ir.

Porqué no pensar que el mundo es una fiesta de la cual nos podemos ir con quien querramos, más allá del sexo y/o del género de nuestrxs compañeritxs de baile.

Finalmente, cuando logramos ponernos cómodxs y asumir nuestras vidas de gays y lesbianas como vivibles, dignas, reconocidas por el Estado, lxs bisexuales vienen a atacar esa comodidad. A pelear contra las huestes de la monogamia y la modernidad. ¿Todxs lxs bisexuales tienen parejas abiertas? No, seguro que no. Pero sabemos, sí, que el deseo fluye y nos copa, nos hacemos cargo….Ningún pib* nace hetero.

*23 de septiembre, Día Internacional de la Visibilidad Bisexual

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Con “T” de trabajo: aprueban cupo laboral para personas trans

La provincia de Buenos Aires se convirtió en la primera en establecer un cupo mínimo de puestos de trabajo en el sector público para personas trans.

De esta manera, se garantizará que –al menos- un 1 por ciento de la planta estatal bonaerense sea cubierto por personas travestis, transexuales y/o transgénero, que reúnan el requisito de idoneidad y sin la obligatoriedad de que hayan efectuado el cambio registral en sus documentos.

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Diana Sacayan, del MAL , en conjunto con Lohana Berkins de ALITT y Darío Arias de Conurbanos por la Diversidad, entre otr*s, impulsó este proyecto de ley presentado por la diputada Karina Nazabal del Frente para la Victoria (FPV).

Esta acción afirmativa, contemplada en la Constitución Nacional, apunta a reparar las barreras en el acceso a un trabajo digno por parte del colectivo trans, históricamente vulnerado en sus derechos sociales.

Según la “Primera encuesta sobre población trans 2012” realizada por el INDEC, se evidencia una situación laboral de elevada inseguridad e informalidad. “El 20% declaró no realizar ninguna actividad por la que obtenga dinero. El 80% restante expresó dedicarse a la prostitución y otras actividades de precaria estabilidad y de trabajo no formal”.

Siete de cada diez encuestad*s afirmaron estar buscando otra fuente de ingresos y ocho de cada diez declararon que su identidad trans les dificulta esa búsqueda.

Por ello, la posibilidad de acceso a un empleo digno -además de garantizar ese derecho- multiplicará la visibilidad de las personas trans, posibilitará su ingreso a la economía formal, y empoderará a l*s propi*s protagonistas en otros ámbitos.

Esperamos, también, que el sector privado se haga eco no sólo de esta medida sino también del enorme aporte que el colectivo trans está esperando brindar.

Porque todos los cuerpos importan…celebramos este avance y a continuar profundizando el acceso real a todos los derechos por parte de las personas trans!

Aprobación de Ley de Cupo Laboral Trans

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Soy lo que doy, reflexiones sobre donación de sangre sin discriminación

Compartimos la nota de nuestra compañera en la Revista Anfibia, de la Universidad Nacional de San Martín.

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Se presume que las personas LGBTI son promiscuas y por eso peligrosas, pero nadie pretende indagar en la vida sexual de los heterosexuales. Desde ayer, todos podemos donar sangre. Se terminó con una norma que fomentaba el estigma y la discriminación. El foco ya no está en un grupo, sino en las prácticas. En este ensayo, la especialista en Géneros y Sexualidades Greta Pena analiza los fundamentos médicos, jurídicos y humanos del cambio.

Ayer se combatió un estigma. Una marca que nos señalaba como el brazalete a los judíos. Muchos prejuicios permanecen, pero se fue el último refugio normativo donde no éramos “tan iguales”. Hoy, personas LGBTI pueden donar sangre.

Cada tanto te subís a un ascensor y ves un cartel pidiendo dadores de sangre. O en la radio, escuchás un locutor con voz neutral enumerando rápido factores, tipos, números, y señalando la dirección de un hospital. Detrás de esos pedidos hay una persona muy mal y una familia y amig*s desesperad*s.

La sangre se almacena en una sección derivada de un laboratorio clínico donde se procesan las muestras sanguíneas extraídas de un “donante”. Ante una emergencia se usa la sangre guardada en el banco pero tiene que reemplazarse por otra nueva, para que siempre haya stock ante otra urgencia.

Tenemos que ir tod*s a darle sangre al papá, la mamá, el hermano, el hijo de nuestr* compañer*. Queremos ir. Cuando es una amiga, nuestra pareja, un hijo, también queremos poner el cuerpo. La sangre es una red que nos une, y nos hace existir como sujetos colectivos.

El formulario para poder donar, hasta ayer, parecía un fascículo de “Elige tu propia aventura”. Una respuesta cualquiera podía llevar a una puerta cerrada, y listo. Excluido.

-“¿En los últimos 12 meses, mantuvo relaciones sexuales con otra persona de su mismo sexo?”.

Tal vez la respuesta era sí. “Sí mantengo relaciones con personas del mismo sexo, estoy en pareja, me cuido”. Porque como parece encantarles pensar a algunos la homosexualidad no es sinónimo de múltiples parejas sexuales, ni de promiscuidad.

Si soy mujer y mantengo relaciones con mi esposa, con la que estoy casada por ley de este estado nacional hace cinco años. “¿Hay más riesgo de que tenga ETS que cualquier otra persona?”.

¿Qué pasa si la respuesta era negativa ante esta situación? Aquí se complicaba más, ya que al no indagar sobre la utilización de un método de protección durante la relación sexual, convertía al sistema de donación de sangre en un sendero menos seguro. El cuestionario no preguntaba si tuviste relaciones sin usar preservativo.

Hipersexualizad*s y promiscu*s

Las orientaciones sexuales son una condición personalísima del ser humano, no trasmiten ningún virus. La ciencia médica indica que las enfermedades de trasmisión sexual se contraen en el marco de una relación oral, vaginal o anal desprotegida, sin uso de preservativo o campo de látex.

Las cifras oficiales del Ministerio de Salud de la Nación confirman que las relaciones sexuales desprotegidas siguen siendo la principal vía de trasmisión de enfermedades. Entre 2007 y 2009, el 88% de los varones y el 84% de las mujeres diagnosticados, contrajeron virus de ese modo. Estas estadísticas especifican que, “en el caso de los varones, el 49% lo hizo en una relación heterosexual, y un 36% en una relación desprotegida con otro varón”.

El Instituto contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) opinó en varios dictámenes que “no hay ninguna explicación científica que demuestre que las relaciones sexuales protegidas entre personas del mismo sexo son más peligrosas que las habidas entre personas de distinto sexo“.

En algunos ámbitos, pareciera que las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo tuvieran un tinte peligroso, de riesgo, o incluso de morbo. A nadie se le ocurre ponerse a opinar, a indagar o a juzgar, sobre lo que hacen los heterosexuales en la cama o fuera de ella. Los razonamientos que focalizan en la protección del ejercicio de la sexualidad frente a la indagación del género de la persona con quien se ejercite no prevalecían frente al estigma que asocia a las personas LGBTI con el concepto de “enfermedad“. Si donar sangre es donar vida como sugieren numerosas campañas publicitarias, y nosotros no podemos donar, ¿quiere decir que somos muerte?

Los prejuicios frente a las prácticas sexuales de las personas LGBTI, son variados y fantaseosos. Por ejemplo, que estamos hipersexualizados. En 2009, en pleno debate por de la ley de matrimonio igualitario, hubo diputad*s opositores a la medida que alegaban que no podíamos ser fieles. Que teníamos 400 amantes por año. Y que, encima, consumíamos drogas. Un flagelo para la moral.

Tampoco es casual que el debate y cierta resistencia se den en el campo del discurso médico, donde las sexualidades disidentes son patologizadas y sus distintas prácticas institucionales tienden a la “normalización“. La homosexualidad era considerada, hasta 1990, como una enfermedad psiquiátrica, aún prevalece ese concepto respecto a las personas trans, y miles de niñ*s intersex cotidianamente son intervenid*s médicamente para encajar en el binario varón/mujer.

Cambio de paradigma

Hoy tenemos un Estado coherente que se da cuenta de que inhabilitar a un cierto grupo de personas para donar sangre -en este caso a lesbianas, gays, trans y bisexuales- es una arbitrariedad sin fundamento objetivo. Y nos devuelve un derecho.

El fin de la discriminación por orientación sexual para dar sangre aparece como un signo común; acordamos como sociedad un cambio de paradigma: ya no pensamos en “grupos de riesgo“ sino en “prácticas de riesgo“.

Desde un enfoque de derechos, en nuestro país, una persona puede contraer matrimonio con otra de su mismo sexo y conformar una sociedad conyugal que incluye bienes materiales e inmateriales. O, lo que es más importante aún, puede decidir no hacerlo y tener los mismos derechos y obligaciones frente a su pareja.

Además, si desean tener hij*s, pueden hacer uso de las técnicas de reproducción humana asistida o adoptar. Su obra social, prepaga o sistema público debe cubrir ese proceso, sin distinciones.

Si así lo autopercibe, puede cambiar su género, y si hizo todo lo anterior, posee derecho a modificar la partida de nacimiento de sus niñ*s y demás documentos registrales a fin de que se respete la realidad de su grupo familiar. Sin embargo, frente a una emergencia, no podía ofrecer su sangre ni a su compañer*, ni a su hij*s.

De forma paradójica, esta prohibición reunía los requisitos de ser intolerantemente discriminatoria pero también contradictoria de una manera torpe. A través de distintas instituciones, el mismo Estado ofrecía a sus ciudadan*s -sin ánimo de patologizar- respuestas esquizofrénicas.

Como el resto de las conquistas por la igualdad, este hito en la lucha por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans, cristaliza luego de una lucha colectiva e histórica. El acto de donar sangre es voluntario y desinteresado y, por lo tanto, no es otra cosa que amor y deseo. El colectivo LGBTI sabe que es imposible perder cuando se está de ese lado del mostrador.

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Argentina puso fin a la prohibición a gays, lesbianas y trans para donar sangre

 

El Ministerio de Salud de la Nación anunció ayer  el levantamiento de la prohibición a personas gays, lesbianas, bisexuales y trans para donar sangre al modificar el cuestionario que contenía una exclusión discriminatoria por orientación sexual y/o identidad de género.

El acto, encabezado por el Ministro de Salud, Daniel Gollán, contó con la presencia de representantes de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), 100% Diversidad y Derechos y Fundación Huésped; Mario Rovere y Pablo Kohan ( secretario y subsecretario de Políticas, Regulación e Institutos, respectivamente), el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda y el interventor del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), Pedro Mouratian.

La CHA 100%  y Diversidad y Derechos, que trabajaron junto al equipo del Ministerio de Salud, festejan el fin de la histórica prohibición que deja atrás el más importante vestigio de desigualdad que estigmatizó a la diversidad sexual en Argentina.

La nueva resolución implica un cambio trascendental de paradigma que se enfoca en las “prácticas de riesgo” en vez “grupos de riesgo” en los formularios de autoexclusión para la donación de sangre. El concepto de grupos de riesgo, además de excluir a miles de posibles donantes, estigmatizó con el VIH a la población LGBTI cuando la transmisión del virus no distingue por  orientación sexual o identidad de género.

César Cigliutti, Presidente de la CHA expresó: “Valoramos la decisión del Ministerio de Salud de la Nación para lograr que en todo el país se modifique el cuestionario de donación de sangre que discriminaba a nuestra comunidad. Logramos hace 9 años, a través de una presentación de la CHA, que el INADI dictamine en contra del cuestionario pidiendo su modificación, también hace 4 años la Defensoría del Pueblo se pronunció sobre el carácter discriminador de esta normativa.

A su vez, Martín Canevaro, Secretario de 100% Diversidad y Derechos, opinó que “esta medida tiene un sentido reparador para todos aquellos que, en condiciones de donar, eran impedidos de hacerlo por su orientación sexual; pero también tiene un sentido educativo: la población debe tomar conciencia de que el VIH y otras infecciones de transmisión sexual no son propias de ninguna orientación sexual o identidad de género. Por el contrario, esto expresa un discurso médico que ha fracasado mundialmente porque generó la percepción errónea en la población heterosexual de que el VIH no los involucra, lo que ha sido funcional a la epidemia”.

Ambas agrupaciones destacaron el compromiso del Ministro Daniel Gollán, que fue el único funcionario del ámbito de la salud que recibió a las organizaciones de diversidad sexual y de género, y tomó la decisión de trabajar seriamente en garantizar los derechos de las personas LGBTI a través de distintas políticas públicas.

Además de la modificación de los marcos de referencia para la donación de sangre, se firmaron dos normas más a fin de eliminar la exigencia de donantes para reposición como condición para el acceso a cualquier tratamiento y lanzar nuevas herramientas de promoción e información para concientizar a la población acerca de estas temáticas.resolucion sangre

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Ilse Fuskova, ciudadana ilustre de Buenos Aires

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Representa un enorme orgullo para toda la comunidad LGBTIQ, para las mujeres en particular, y aún mas para las lesbianas, la declaración de la compañera Ilse Fuskova, como ciudadana ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Imprescindible, Ilse abrió un camino de visibilidad, amor y lucha para las lesbianas, combatiendo el patriarcado y la opresión hacia las mujeres.

Y a continuación, una nota de Mabel Bellucci…

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VIERNES, 10 DE ENERO DE 2014

Vida y obra

Historia personal del activismo feminista y lésbico

Por Mabel Bellucci *

Ilse Fuskova, además de ser una de las más importantes referentes del lesbofeminismo en la Argentina, es una desobediente sin vuelta atrás. Su cambio entre ser una “señora de” a ser una “activista que elige su destino” se remonta hacia comienzos de la dictadura militar. Se acercó al Movimiento de Liberación Feminista (MLF), que tiempo después pasó a ser la Organización Feminista Argentina (OFA), liderada fuertemente por María Elena Oddone. Ilse recuerda la difusión que le dio el diario Buenos Aires Herald, el único medio gráfico que acompañó a los organismos de derechos humanos al publicar las listas de las personas desaparecidas, a esa minúscula agrupación feminista radical que batallaba pese a la imposición de las bayonetas. Allí, en mayo de 1978, en la contratapa apareció un pequeño recuadro que promocionaba la revista Persona, una de las primeras manifestaciones culturales y políticas de cuño feminista de los años setenta, y abajo un número de teléfono. De inmediato, Ilse llamó y del otro lado oyó la voz de Oddone. A partir de que ambas percibieron una trama en común, sus encuentros se intensificaron con el cruce de registros de las experiencias vividas. En 1982, se aceleraban los tiempos para que los militares se viesen forzados a apresurar la transición democrática. Así, grupos feministas comenzaron a salir de los escombros. Entre ellos, se constituyó Libera, un desprendimiento de OFA. Fue en este espacio donde Ilse levantó vuelo para siempre. Un año más tarde, se formó la Multisectorial de la Mujer, que representaba un abanico polifacético de referentes feministas y otras no tanto. Todas ellas se sentaban alrededor de una mesa para armar alianzas en torno de reivindicaciones específicas. Al poco tiempo, Ilse junto con Adriana Carrasco asistían en su carácter de lesbianas. Otro caso fue Lugar de Mujer, una casa de orientación feminista, autogestionada y financiada por sus integrantes. Si bien de sus entrañas salió el primer artículo abocado a la temática, “Lesbianismo: Apuntes para una discusión feminista”, escrito por Hilda Rais y presentado en la Primera Jornada Anual de ATEM – 25 de noviembre, en 1984, igualmente desconocían los grupos de autorreflexión lésbica que funcionaban intramuros. Ilse da cuenta de ello: “No nos daban un lugar para las reuniones, nos daban un lugarcito en el fondo. Nunca supe por qué tenían esa actitud de discriminarnos pero, a la vez, no se decía nada”.

Aún no pululaban lecturas profundas alrededor del tema. La llegada de la histórica luchadora española, lesbiana y comunista Empar Pineda revolucionó el mundillo del feminismo porteño. Después de haber participado en el III Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en Bertioga, Brasil, en 1985, Empar se pegó una escapada a Buenos Aires. Dio unas charlas que resultaron una bomba de radiación directa a las cabezas y a los cuerpos de nuestras locales. Repartió como souvenir una variedad de textos fundantes del feminismo lésbico traducidos al castellano. También la revista Nosotras que nos queremos tanto, publicación del Colectivo Lesbianas de Madrid. En el libro Amor de mujeres. El lesbianismo en la Argentina, hoy, escrito por Ilse Fuskova junto con Claudina Marek, en 1994, testimoniaron ese paso decisivo que dejó marcas políticas de honda repercusión en la militancia de entonces. Además, de amores encendidos entre sus groupies. A partir de ahí, comenzaron las reuniones en la casa de Ilse. Se trataba de un pequeño grupo de mujeres interesadas en el pensamiento feminista lésbico que circulaba por los ámbitos internacionales con un especial impulso por estudiar a Adrienne Rich. Fue un año de intensas reuniones semanales. De esta impronta intelectual nació el Primer Taller de Reflexión Lesbiana. Lo lanzaron en la VI Jornada Anual de ATEM – 25 de noviembre, en 1986, bajo la coordinación de Fuskova y Carrasco. Después de presentado, la repercusión fue favorable, con ganas de continuar. Nuevos bríos las llevaron por más. Así, publicaron la primera revista periódica, Cuadernos de Existencia Lesbiana. En sus orígenes tenía un corte casero, diseñado como un boletín. Ilse, al igual que otras tantas viajeras militantes de nuestra historia feminista, se ocupaba con fervor no sólo en la búsqueda de escritos de autoras prestigiosas sino también en su traducción. Además, a ellas las movilizaba una inquietud de lo más pertinente: recabar y recopilar material a partir de los testimonios en los grupos de discusión relacionados con sexualidad e identidad. Hasta 1991 salieron 16 números. Años más tarde, la editorial de Librería de Mujeres sacó una publicación prologada por Carrasco. Algo nuevo ya comenzaba a arrastrar historia, maneras abiertas de pensar y de llevar adelante la vida.

* Activista feminista queer. Autora de Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. Capital Intelectual.

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Teatro: recomendamos la obra “Un Trabajo”

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Una mujer se encuentra en escena sola. Graba una noticia sobre un hombre que quiere hacerse un transplante de útero. En los cortes del trabajo, conversa con el hombre detrás de cámaras. El vínculo laboral se va cargando de avances sutiles y de acoso a medida que la obra avanza. Un trabajo escenifica la división sexual en las relaciones laborales y desmonta las nuevas formas del discurso machista. Las tajantes elecciones escénicas (quien muestra y quien es mostrada, quien responde y quien determina los términos de la conversación, quien confiesa y quien contempla) son tan sólo el punto de partida conceptual para una obra inteligente y compleja. Por medio de una liviandad para nada ingenua, Elisa Carricajo y Lisandro Rodriguez no sólo diagnostican las nuevas (y viejas) formas de dominación en el ámbito del trabajo y en la división de los sexos, sino que también imaginan formas pequeñas, sutiles, posibles de alterarlos. Sin dejar de ser pedagógica, no cae en la tentación de bajar línea; apela a la inteligencia de lxs espectadores y abre la reflexión sobre los límites y posibilidades del cuerpo a partir de la disolución del binarismo: varón/mujer.

La podés ver en: ELEFANTE CLUB DE TEATROGuardia Vieja 4257 (mapa), CABA, Reservas: 4861.2136, Entrada: $120,00 / $ 90,00 – Lunes – 21:00 hs

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Elisa Carricajo, Lisandro Rodriguez

Actúan: Elisa Carricajo, Lisandro Rodriguez

Diseño de espacio: Matías Sendón

Audiovisuales: Matías Sendón

Diseño gráfico: Lisandro Rodriguez

Asistencia técnica: Lucas Ciro Bustamante

Asistencia de dirección: Manoel Hayne

Dirección: Elisa Carricajo, Lisandro Rodriguez

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