Ningún pib* nace hetero

Bisexual-Pride-Flag-672x372

En los noventa empezamos a escuchar que todxs éramos bisexuales. Como si una nueva corriente psicoanalítica hubiera aparecido de abajo de las piedras para fundamentar la fluidez del deseo después de que la homosexualidad hubiera dejado de ser considerada una enfermedad. Un sociólogo europeo, Bauman, dijo hace varios años que las relaciones sexoafectivas en la posmodernidad eran líquidas, que habíamos pasado de buscar a nuestro príncipe azul con el que seríamos felices de una vez y para siempre a buscar el amor y el deseo en distintas parejas sexuales a lo largo de la vida, y porqué no, que estas parejas podían ser de distintos géneros.

La heterosexualidad ya no era un destino. La homosexualidad y el lesbianismo tampoco.

Y qué pasa cuando nuestras prácticas, como nuestras identidades, son fluctuantes: sobreviene el caos y el pánico moral.

Que los varones bisexuales en realidad son putos que no se asumen. Que las mujeres bisexuales son heterosexuales fiesteras. Que en realidad lo que les cabe es la fiesta. Que no estamos definidxs. Que es una fase de exploración que en algún momento se va a terminar y esa persona va a finalmente decirse hetero/gay/lesbiana.

Puede ser. Pero quizá no. Quizá la bisexualidad sea una identidad perdurable. Trascienda la adolescencia en la que muchas veces sin culpa y como lxs perversxs polimorfxs que supimos ser de niñxs, nos entregamos al placer de los cuerpos danzantes y amorosos y deseantes que se nos ofrecen en la larga senda del señor, sin importar el formato de sus genitales o los artículos con los que prefieren ser nombradxs. Quizá construyamos una manera de vivir que contemple que nuestro deseo efectivamente fluye, hoy puedo enamorarme de un hombre y construir un universo sexoafectivo con él y mañana formar una familia con una mujer (que, incluso y para que peguen el salto de la silla automáticamente como si tuvieran un resorte: incluso esa mujer puede ser trans).

¿Y por qué celebrar este festín de placeres fluidos? Porque el patriarcado necesita domesticarnos, que definamos nuestro objeto de deseo (!) para vendernos productos materiales y culturales adecuados. Para prever con quiénes nos vamos a casar y vendernos paquetes turísticos en cruceros caribeños y estadías en estancias con cabalgata incluída. La bisexualidad vuelve a poner sobre la mesa al deseo, más allá de nuestras voluntades maritales y procreacionales, estamos hablando de enamorarse, de flirtear, de ese momento (quizá previo, quién sabe, quizá lxs bisexuales también tenemos hijxs, cómo saber) en el que estamos en una fiesta y miramos a ver quiénes están para ver con quién/es nos podemos ir.

Porqué no pensar que el mundo es una fiesta de la cual nos podemos ir con quien querramos, más allá del sexo y/o del género de nuestrxs compañeritxs de baile.

Finalmente, cuando logramos ponernos cómodxs y asumir nuestras vidas de gays y lesbianas como vivibles, dignas, reconocidas por el Estado, lxs bisexuales vienen a atacar esa comodidad. A pelear contra las huestes de la monogamia y la modernidad. ¿Todxs lxs bisexuales tienen parejas abiertas? No, seguro que no. Pero sabemos, sí, que el deseo fluye y nos copa, nos hacemos cargo….Ningún pib* nace hetero.

*23 de septiembre, Día Internacional de la Visibilidad Bisexual

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s