Balance de la XXVI Marcha del Orgullo LGBTIQ

En la Ciudad de Buenos Aires marchamos el pasado sábado 18 de noviembre, ayudadxs por un día cálido y soleado en contraste con el  diluvio bajo el cual atravesamos Avenida de Mayo el año pasado. Alrededor de 150.000 personas  ocupamos la Plaza de Mayo y marchamos hacia el Congreso. La XXVI Marcha del Orgullo LGBTIQ se realizó bajo la vigencia de un “Protocolo” de detención de personas LGBT y – por primera vez – sin escenario para el acto principal, ritual que hace años se realiza frente al Parlamento.

La vigencia del poder del movimiento en un contexto de retrocesos

La masividad, diversidad y pluralidad de ésta –y de las demás marchas realizadas a lo largo y ancho de todo el país- confirman que nuestro movimiento es un actor social y político de envergadura en la sociedad argentina y que posee reclamos urgentes que el Estado nacional – y los provinciales y municipales – deben atender de manera prioritaria.

Todas las marchas coincidieron en expresar cabalmente la situación de denuncia y resistencia a múltiples embates. Nos enfrentamos a retrocesos, a la ausencia de políticas públicas y a la falta de nuevas conquistas legislativas que festejar.

Nuestro  principal reclamo está dirigido  contra la violencia en base a la orientación sexual e identidad de género, al desmantelamiento de políticas que nos subsumen en una ciudadanía precaria y contra expresiones de autoritarismo estatal y social que se ven hoy legitimadas. Por ello, denunciamos los travesticidios y transfemicidios y la violencia institucional, principalmente la ejercida por la policía, jueces, fiscales y médicxs.

“Todas las marchas coincidieron en expresar cabalmente la situación de denuncia y resistencia a múltiples embates. Nos enfrentamos a retrocesos, a la ausencia de políticas públicas y a la falta de nuevas conquistas legislativas que festejar.”

No contamos aún con una Ley antidiscriminatoria que nos incluya, ni con una ley que ampare los derechos de las personas intersex, ni con una nueva ley de Vih y Hepatitis. En el ámbito de la salud se incumple el acceso pleno a las técnicas de reproducción humana asistida, a la donación de sangre, a la salud sexual y reproductiva, a las prestaciones la ley de identidad de género y de la Vih. En el ámbito educativo está primando un concepto mercantilista, persiste la exclusión de las personas trans y la violencia hacia estudiantes LGBTI, se desmanteló la educación sexual integral (ESI). En el ámbito laboral no se ha logrado la real inserción del colectivo trans; y respecto del acceso a la justicia, ni siquiera se han hecho los primeros avances.

Estos retrocesos se verifican en un contexto donde todxs sentimos cada vez más la carestía de la vida: el esfuerzo para llegar a fin de mes de quienes tienen trabajo y lo cuesta arriba que se hace a quienes siguen excluidxs del mercado laboral.

La ausencia de política para construir unidad en la diversidad

La Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo (COMO) es un espacio autoconvocado y de participación libre cuya única función es la organización del evento. Desde 100% Diversidad y Derechos privilegiamos siempre – sobre intereses particulares e incluso no coincidiendo en muchas decisiones- sostener y aportar a la realización del evento político más importante de nuestro movimiento.

Nuestra decisión de participar se mantuvo en pie este año. Sin embargo, decidimos expresar nuestras diferencias autoexcluyéndonos de la lectura del documento principal y de todo otro espacio que visibilizara una situación que consideramos ya  insostenible: la falta total de política por parte de la C.O.M.O.

Se trata de la capacidad de hacer política, de estar a la altura de la representación de las voces de un movimiento de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex, de dejar de lado intereses particulares para acordar mínimos contenidos que nos sigan colocando con la fuerza de un sector que lucha por las libertades y contra las hegemonías de todo tipo.

Entendemos que en este contexto de retrocesos de derechos y de avance de la violencia estatal contra nuestra comunidad, la unidad es una necesidad indiscutible. El enfrentamiento es un lujo que no podemos darnos. El ejercicio de la violencia, como sucedió el año pasado contra el escenario de la marcha en el Congreso por parte de otrxs activistas LGBTIQ, es inadmisible.

“Nuestra decisión de participar se mantuvo en pie este año. Sin embargo, decidimos expresar nuestras diferencias autoexcluyéndonos de la lectura del documento principal y de todo otro espacio que visibilizara una situación que consideramos ya  insostenible: la falta total de política entendida como herramienta social de transformación por parte de la C.O.M.O.”

Desde esa concepción es que sentimos la responsabilidad de alertar sobre un funcionamiento que no está a la altura de las circunstancias y que resulta peligroso y funcional a quienes quieren menoscabar nuestros derechos, ya que nos aleja de nuestro sujeto político, deteriora nuestra representación y propicia la fragmentación de nuestra lucha.

 

Una muestra de ello fue la proliferación de “subconsignas”, (casi veinte), como si la única manera de sentirse representadx en esta Marcha fuera introducir absolutamente todas las ideas y reclamos de nuestro movimiento y de variados sectores sociales. ¡Imagínense el resto de las marchas de otros movimentos debiendo introducir todos los reclamos de todos los otros sectores! Quien asiste a una marcha, como organización, sector o individualmente, es porque se siente contenidx en la consignas principales y puede (si así lo desea) expresar sus ideas de otras y variadas formas, dentro de la propia Marcha. Así lo hacemos cuando participamos del 24 de marzo o en el Niunamenos y en las demás.

Esta ausencia de criterio político permitió también la introducción de reclamos que no gozan con el consenso absoluto de nuestro movimiento. ¿Quién puede estar en contra de reclamar contra los travesticidios, trasnfemicidios, crímenes de odio? Absolutamente nadie. No sucede lo mismo con otros temas, como el justo reclamo de quienes se consideran trabajadorxs sexuales, que entran en colisión con vastos otros sectores que propugnan la idea del cupo laboral trans o la también justa idea de que la prostitución es algo que violenta al colectivo trans.

Abogamos contra la criminalización de esa situación y no estamos en contra de ningún derecho de absolutamente ningún grupo, pero entendemos que nuestro reclamo urgente correspondía para el cupo laboral travesti trans y para la iniciativa #ReconocerEsReparar que permitiría compensar a las personas trans víctimas de violencia institucional.

La transformación de organizaciones LGBTI hacia estructuras burocráticas que atienden de los dos lados del mostrador, como Estado y como sociedad civil, que desvían recursos públicos que son de todxs en su propio y exclusivo beneficio, que no reparan en ser canal para incluso tercerizar, a la usanza del neoliberalismo, políticas que son de responsabilidad estatal no hacen más que reproducir violencias y ser funcionales al socavamiento del valor social, histórico y político que viene construyendo este movimiento desde hace décadas.

“Se trata de la capacidad de hacer política, de estar a la altura de la representación de las voces de un movimiento de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex, de dejar de lado intereses particulares para acordar mínimos contenidos que nos sigan colocando con la fuerza de un sector que lucha por las libertades y contra las hegemonías de todo tipo.”

¿Qué tipo de unidad es necesaria y cómo la queremos construir? Tenemos el deseo de impulsar los debates y promover la participación y la diversidad a fin de que la Marcha cuente con la pluralidad y la fuerza necesaria para frenar cualquier paso atrás en nuestros derechos y contribuya a poner en la agenda pública las principales necesidades de nuestra comunidad.

Estamos convencidxs de que solo conquistaremos los derechos pendientes y  terminaremos con el machismo, el patriarcado y la homolesbotransfobia con la participación, la movilización y el compromiso de honrar el lugar histórico que elegimos tomar, al ser militantes por los derechos humanos.

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