El martes 7 de mayo se llevó a cabo en la Comunidad Bet El un acto de conmemoración del Holocausto, “Recuerdo en tiempo presente”, donde se homenajeó a las millones de personas que fueron víctimas de genocidios. Al evento fuimos invitados a participar representantes de la colectividad armenia y del colectivo LGBTI+, grupos que también hemos sido masacrados y oprimidos

El acto organizado para la juventud de Bet El estuvo a cargo del rabino Eliyahu Peretz, recientemente llegado de Israel, con trayectoria de militancia por la diversidad sexual en España. Estuvo acompañado por la Rabina Silvina Chemen, reconocida como feminista y por su apoyo a la legalización del aborto durante el debate parlamentario del año pasado. Para el “Recuerdo en tiempo presente”, dio inicio al acto el rabino Eliyahu y lo acompañaron en la mesa redonda Alexis Mouradian de la Comisión Juvenil de la Unión General Armenia de Beneficencia y Florencia Feldman de 100% Diversidad y Derechos.

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Luego se encendieron velas en recuerdo de las vícitmas, una por cada grupo perseguido por el nazismo (judíos, presos políticos, presos comunes, testigos de Jehova, gitanos, “antisociales”, gays y mujeres trans, y quienes abandonaron alemania por el nazismo por cuestiones ideológicas); luego otras tres, una por el genocidio armenio, otra por las víctimas de la dictadura argentina y una última por aquellos olvidados; y el último encendido fue por los 6 millones de judíxs víctimas del holocausto.

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Antes de cada vela, integrantes de la juventud de Bet El, de la colectividad armenia y de 100% Diversidad y Derechos leyeron una poesía alusiva a cada grupo o hecho. En ese marco, Greta Pena expreso, en palabras de Wislawa Szymbroska “Hijos de la Epoca”, antes de encender la vela por los perseguidos políticos: “… Somos hijos de nuestra época, y nuestra época es política. Todos tus, mis, nuestros, vuestros problemas diurnos, y los nocturnos, son problemas políticos. … Los poemas apolíticos son también políticos, y en lo alto resplandece la luna, un cuerpo ya no lunar. Ser o no ser, esta es la cuestión. ¿Qué cuestión?, adivina corazón: una cuestión política.”.

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Al finalizar el acto se honró la memoria de las víctimas de la Shoá y con ellas de tantas otras víctimas, por medio del canto y la música que estuvieron también presentes en todo el acto, y se realizó un rezo final, dijeron: “Que el recuerdo de las víctimas sea memoria y la memoria sea una bendición”.

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Para 100% Diversidad y Derechos la invitación realizada por la Comunidad Bet-El, una histórica organización que promueve los valores judíos, la educación, los Derechos Humanos, la solidaridad y el diálogo interreligioso, tiene una significación muy especial.

Se trata de una entidad fundada en 1962 por los rabinos Naomi y Marshall Meyer. Este último integró la CONADEP y fue quien le contó a Carlos Jáuregui, el primer Presidente de Comunidad Homosexual Argentina (CHA), que “La Comisión había detectado en una nómina de personas desaparecidas a 400 homosexuales. No habían desaparecido por esa condición pero el tratamiento recibido, afirmaba el rabino, había sido especialmente sádico y violento, como el de los detenidos judíos.”

Ese dialogo entre el Rabino Marshall Meyer y Carlos Jáuregui, que el activista hizo público en una entrevista publicada en 1996 en la revista NX fue la primera referencia sobre la represión de la dictadura cívico militar clerical contra personas LGBTI+ que aún hoy buscamos reconstruir. Ello fue recordado también en la intervención de Florencia Feldman en la mesa redonda, para luego reflexionar sobre por qué “aquella refencia de Marshal Meyer a la condicion de judíos u homosexuales como alarma que encendía en los genocidas toda su crueldad, evidencia por qué decíamos que no por casualidad compartimos el estigma y la discriminación; y nos conduce también al recuerdo de los homosexuales que durante el nazismo tuvieron su propio triángulo rosa y, bajo el párrafo 175 de la ley de Nuremberg, el mismo destino que los judíos, y tantos otros.

Porque como venimos diciendo, se trata de identidades que cuestionan ideologías, instituciones, saberes; se trata de relaciones de poder donde unos se arrogan el decidir lo que se puede o no se puede ser, sentir o creer, si ello interpela su dominio y el status quo que los sostiene. Hoy son los millones de refugiados y migrantes que “amenazan” Europa, chivos expiatorios de una xenofobia creciente.

Y ante esas ideologías e instituciones nos reivindicamos como parte del movimiento de los derechos humanos..”

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A continuación reproducimos las palabras de Florencia Fledman, Presidenta de 100% Diversidad y Derechos, durante la conmemoración:

7 de Mayo. Conmemoración del Día del Holocausto. Perspectiva LGBT.

Queremos agradecer desde 100% Diversidad y Derechos la invitación a compartir con uds. el recuerdo del Holocausto; porque esta, y cada vez que se lo conmemora, se trata de la construcción de una memoria colectiva del genocidio cometido por el nazismo contra el pueblo judío, aunque no sólo contra nosotros, y entonces, es una oportunidad para que esa memoria, y el futuro, sean en verdad colectivos.

Y agradecer también por poder traer a un templo, y a este templo en particular, Bet-El, la mirada del colectivo LGBT, por considerarla como un aporte para este encuentro. No solemos recibir invitaciones como estas, estamos muy emocionadas y emocionados. Y hago mención especial a este templo porque tiene también una significación histórica para nuestro colectivo y el tema que nos convoca hoy.

Para quienes no nos conozcan, 100 % es una organización argentina de ddhh y diversidad sexual, que trabaja por la promoción y la defensa del reconocimiento y respeto por la libre orientación sexual e identidad de género de todes.

Y nos consideramos una organización de DDHH, porque sin diversidad sexual, de género, étnica, religiosa, política o ideológica, de nacionalidad, entre muchas otras, no hay sociedad posible; o no, por lo menos, una sociedad que incorpore los avances en igualdad conseguidos por las luchas que la hacen verdaderamente democrática.

Es decir, intentamos aportar la perspectiva LGBT al gran movimiento de los derechos humanos del que nos sentimos parte. Y desde ese lugar queremos reflexionar hoy sobre el holocausto.

Desde esta cosmovisión de los derechos humanos, el genocidio es la expresión más extrema de las ideas racistas de superioridad de unos sobre otros, es la destrucción de ese otro grupo o población “inferior”, al que es necesario identificar como encarnación de un disvalor, por qué no de un peligro, por su religión, etnia o nacionalidad (según una definición Convencional). Y el holocausto, la expresión de esa deshumanización colectiva del otro más cruenta de la historia humana.

Las personas LGBT en Argentina, hemos tenido también, lamentablemente, pero creemos que no por casualidad, el estigma del disvalor social: de lo no esperado o deseado, de la vergüenza -incluso en las propias familias-, de lo anormal, del “pecado”, incluso del delito; en nuestro caso, la discriminación y la violencia es por ser homosexuales y travestis, para usar dos términos que tienen su carga histórica y política en la relación de nuestra comunidad con la represión, la violencia y el terrorismo de Estado.

Alejarse de los mandatos, del “deber ser” que se promueve como norma de una sociedad, norma cultural y/o legal, es cuestionar relaciones de poder, es cuestionar saberes, creencias, ideologías; es interpelar sus instituciones: desde la institución familiar y el matrimonio, hasta las eclesiásticas y sus jerarquías. Hubo un Monseñor, cardenal primado de Argentina que se hizo muy conocido hace 25 años, no tanto, cuando propuso y se explayó sobre los beneficios que tendríamos los homosexuales si se construyera un ghetto para nosotros, “en aras de su libertad y su alegría”, dijo, y se sinceró acto seguido cuando aclaró, para evitar una “mancha en el rostro de la sociedad”.

Puede parecer, en el caso de gays, lesbianas, trans, que sólo se trata de “moralidad”; y en efecto, se nos acusaba de atentar contra ella en muchos de los edictos policiales que se usaron en nuestro país para justificar razzias, detenciones y criminalizaciones de nuestras identidades por parte de las fuerzas de seguridad; pero se trata de poder, y también, a veces, de autoritarismo, como en el caso de estos edictos.

Porque la represión y la violencia estatal contra LGBT comenzó mucho antes que los gobiernos propiamente autoritarios o dictatoriales, mucho antes que 1976, y siguió bastante tiempo después de 1983. No convivió solo con gobiernos de facto en Argentina. Y aún hoy las compañeras travestis asesinadas se cuentan por decenas por mes, pero sus travesticidios son desechados de las estadísticas oficiales, así como sus cuerpos travestis vivos son deshumanizados por sus asesinos.

Pero sí ocurrió algo sobre los que queremos reflexionar durante la última dictadura del `76 y la instauración, por primera vez, del terrorismo de Estado.

En el contexto de la última dictadura cívico-militar ocurrida en la Argentina, la represión no solo persiguió a quienes participaban de la vida política, sindical, cultural, estudiantil, o simplemente se manifestaban en desacuerdo con lo que pasaba, sino que recayó sobre toda la sociedad civil; y la homosexualidad, ya perseguida con dispositivos autoritarios en democracia, representaba cuerpos y deseos a disciplinar, blancos facilitados de operativos policiales de la época, de secuestros, y también, cuerpos sobre los que se ejerció una mayor brutalidad en las torturas recibidas cuando se trataba de detenidos-desaparecidos.

Si bien no podemos afirmar la existencia de un plan sistemático para la desaparición de la población LGBT, como sí está probado en la Justicia para la desaparición de personas por su opinión política, ideológica, así como del robo de bebés; sí podemos afirmar, gracias al testimonio de un miembro de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que restaurada la democracia fue encomendada para recabar información sobre los detenidos-desaparecidos durante el terrorismo de Estado, que las torturas y el trato era especialmente cruel con los homosexuales, lesbianas y trans, así como lo fue con los judíos.

Ese testimonio fue del rabino Marshall Meyer. El le comentó a Carlos Jáuregui, para quienes no lo conocen, dirigente del colectivo LGBT de entonces, fundador de la CHA, Comunidad Homosexual Argentina, que en los distintos testimonios recopilados entre ex detenidas/os en centros clandestinos de detención, se hace referencia a que las torturas a homosexuales eran realizadas con especial saña; Jáuregui lo publico en su libro “La homosexualidad en Argentina”, en 1987, y también se refirió a ese diálogo con Marshal Meyer en una entrevista publicada en 1996 en la revista NX: ”La Comisión había detectado en una nómina de personas desaparecidas a 400 homosexuales. No habían desaparecido por esa condición pero el tratamiento recibido, afirmaba el rabino, había sido especialmente sádico y violento, como el de los detenidos judíos.”.

Y algo más, esa parte de la historia contada por Marshal Meyer a Jáuregui, esos testimonios, esas identidades, intentaron ser borradas de la memoria colectiva y por tanto de nuestra identidad como colectivo LGBT, de nuestra diversidad como sociedad toda, y sobre todo, de cómo opero el terrorismo de Estado contra la incipiente visibilización en los años 60 y 70 de esas identidades disidentes. Es muy fuerte la versión de que la cúpula de la iglesia católica pidió que no se incluyera en el informe de la CONADEP. Y efectivamente, la homosexualidad de al menos 400 de los detenidos-desaparecidos así señalados por los dictadores, se ocultó.

Y por ello cada 24 de marzo los recordamos como parte de los 30.000 desaparecidos; como dijo Jáuregui: “No los conocimos. No los conoceremos jamás. Son, solamente, 400 de los 30.000 gritos de justicia que laten en nuestros corazones.”

Y aquella referencia de Marshal Meyer a la condición de judíos u homosexuales como alarma que encendía en los genocidas toda su crueldad, evidencia por qué decíamos que no por casualidad compartimos el estigma y la discriminación; y nos conduce también al recuerdo de los homosexuales que durante el nazismo tuvieron su propio triángulo rosa y, bajo el párrafo 175 de la ley de Nuremberg, el mismo destino que los judíos, y tantos otros.

Porque como venimos diciendo, se trata de identidades que cuestionan ideologías, instituciones, saberes; se trata de relaciones de poder donde unos se arrogan el decidir lo que se puede o no se puede ser, sentir o creer, si ello interpela su dominio y el status quo que los sostiene. Hoy son los millones de refugiados y migrantes que “amenazan” Europa, chivos expiatorios de una xenofobia creciente.

Y ante esas ideologías e instituciones nos reivindicamos como parte del movimiento de los derechos humanos. Y ello quiere decir que velamos por la libre orientación sexual e identidad de género, de la misma manera que lo hacemos por la libertad de todas las creencias, religiones, etnias, nacionalidades y demás condiciones que hacen a lo humano conservar su valor de humanidad.

Y con ese compromiso, resignificamos y damos sentido actual, a aquello que mostró el holocausto en su forma más extrema y cruenta:

Cita Zygmunt Bauman en “Modernidad y Holocausto” un discurso que pronunció en abril de 1935 el raino Joachim Prinz de Berlín: “El guetto es el mundo. Fuera también es el ghetto. En el mercado, en la calle, en la taberna, todo es guetto. Y tiene una señal. Esa señal es la falta de vecinos. Acaso esto no haya sucedido nunca en el mundo y nadie sabe cuánto tiempo se puede soportar; la vida sin vecinos…”

Y pocas líneas más abajo refiere Bauman a otro autor, que clarifica los efectos de esa soledad, de ese aislamiento, de la ruptura de cualquier solidaridad posible: “La desaparición física de los judíos pasó inadvertida en gran parte porque los alemanes los habían eliminado hacía mucho tiempo de sus corazones y de sus mentes.”

El Rabino Marshal Meyer fue nuestro vecino, dio testimonio de nuestra identidad como colectivo LGBT, rompió el aislamiento y el ocultamiento. Porque seguramente estábamos en su corazón y en su mente.

Lamentablemente no fue, ni es, así para todes.

Florencia Feldman.
100% Diversidad y Derechos

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