La viruela del mono no es una enfermedad de transmisión sexual y ningún virus infecta según la orientación sexual de las personas. Mientras se estigmatiza a grupos identitarios, se retrasa la contención de la viruela símica y relajan las conductas de riesgo que se deben prevenir. Daniel Coso, integrante de 100% diversidad y derechos, recomienda prácticas concretas: estar alertas a las lesiones cutáneas y mucosas, evitar el contacto con otres si llegan a aparecer, consultar de inmediato a un centro de salud.

Por Daniel Coso para LATFEM

Hace poco más de una semana, el director general de la Organización Mundial de la Salud decretó la viruela del mono como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, ante el mayor brote de esta enfermedad fuera del continente africano con más de 25.000 casos en 86 países, 37 de ellos en nuestro país. La medida implica un llamamiento a los países a aunar esfuerzos para tomar medidas en conjunto, aumentando la vigilancia epidemiológica y buscando medidas consensuadas para limitar el brote y su propagación. Horas después el mismo director general llamó a los varones gais a “reducir el número de parejas sexuales e intercambiar información con cualquier nueva relación para poder contactar con ellas” como una medida necesaria para limitar el brote.

Ante tamaña y desafortunada declaración, es necesario mirar hacia atrás para no repetir errores de otras situaciones similares del pasado reciente dado que, con estas declaraciones, las instituciones de salud pública corren el riesgo de estigmatizar a un sector de la población al colocarla en el centro del debate internacional ante el avance de la viruela del mono.  Nuevamente, se nos coloca a los varones gais o que tenemos sexo con otros hombres como los principales responsables de evitar que la situación se propague. En este sentido creemos que el mensaje debe ser claro y no discriminatorio, ni basado en una foto inicial.

Estamos en presencia de una enfermedad que se conoce desde la década del 70, una zoonosis viral la mayoría de las veces autolimitada y con evolución leve, que se contagia primariamente por contacto estrecho prolongado o, a través de las gotitas respiratorias grandes en los contactos cara a cara prolongados. La enfermedad se presenta con signos y síntomas comunes a otras enfermedades virales, como erupción cutánea con vesículas, fiebre, ganglios inflamados, dolor corporal y cansancio.

Hasta hace unos días sólo había 5 fallecidos, todos ellos en el continente africano. En los últimos días se reportaron las primeras muertes fuera del continente africano, en pacientes que tendrían otras comorbilidades y está en estudio la causa directa de muerte. Si bien el virus se presenta en todos los líquidos corporales (como en otras virosis), hay consenso de que en este brote la enfermedad se contagia interhumanos sobre todo por el contacto con las lesiones de la piel y/o mucosas, que son pequeñas vesículas y costras que se rompen y tienen una carga viral alta. No se considera a la viruela del mono como una enfermedad de transmisión sexual. Cualquiera que esté en contacto con alguien infectado puede adquirirla. Les niñes e inmunodeprimidos, tienen mayor probabilidad de desarrollar cuadros graves.

En nuestro país, todos los casos tienen antecedentes de viaje o son contacto de alguien que viajó y no ha habido ningún caso de transmisión secundaria a convivientes a través de ropa de cama u otros elementos inertes contaminados. Tampoco hay casos entre niñes, ya que las edades van de los 24 a 48 años.

El cuadro epidemiológico arriba descripto es la foto actual pero este tipo de situaciones son siempre dinámicas por lo que deben ser vistas como una película. Es importante tener en cuenta que ningún virus infecta según la orientación sexual de las personas, sino que lo hace a través de conductas de riesgo que son las que se deben prevenir y alertar. Responsabilizar a un grupo identitario, directa o indirectamente, por la propagación de una patología, sólo retrasa la contención de la misma.

La respuesta a un brote de este tipo que nos tiene que dar la salud pública debe ser integral y no discriminatoria, pues se corren dos riesgos: por un lado, el estigma y la culpa, como señaló recientemente el Director Adjunto de ONUSIDA, hacen que las personas estigmatizadas oculten o se alejen de los servicios de salud; y por el otro, los no aludidos bajan las medidas preventivas. Sólo la información y los cambios de hábitos son las mejores armas para evitar la propagación. Aprender a mirarnos más, estar alertas sobre las lesiones cutáneas o mucosas, evitar el contacto ante ellas y consultar rápidamente al centro de salud más temprano deberían ser los pilares para tener que evitar complicaciones.

Foto: Dr. Jean-Marie Okwo-Bele, presidente del Comité de Emergencia de la OMS sobre el brote de viruela símica.

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